Un Error con Consecuencias Devastadoras

En 1979, Japón introdujo mangostas en la isla de Amami Ōshima para controlar la población de serpientes habu. La iniciativa, que parecía prometedora en teoría, resultó ser un desastre ecológico de proporciones inesperadas. Las mangostas, activas durante el día, no lograron reducir significativamente el número de serpientes nocturnas, pero sí diezmaron a otras especies nativas, incluyendo al vulnerable conejo de Amami, un "fósil viviente" recién redescubierto.

Un Plan que Salió Mal

La mangosta, lejos de ser la solución, se convirtió en un nuevo problema. Su voraz apetito por la fauna local provocó un desequilibrio ecológico sin precedentes. Especies endémicas, sin defensas naturales contra este nuevo depredador, sufrieron un declive alarmante. El ecosistema de Amami Ōshima se vio gravemente afectado.

El Largo Camino a la Recuperación

La población de mangostas llegó a alcanzar los 10.000 ejemplares a principios de los años 2000. Japón emprendió un ambicioso programa de erradicación en 1993, utilizando trampas, cámaras de vigilancia y la colaboración de los habitantes locales, los "Amami Mongoose Busters". Este esfuerzo, que duró décadas, finalmente dio sus frutos.

El Fin de una Era

En 2018, se registró la última captura de una mangosta en la isla. Tras un periodo de monitorización, en septiembre de 2024, el Ministerio de Medio Ambiente de Japón declaró la erradicación exitosa de esta especie invasora. El éxito del programa, aunque tardío y costoso, se considera un logro significativo en la gestión de especies invasoras, destacando la importancia de la planificación cuidadosa y la evaluación exhaustiva del impacto de estas intervenciones.

Lecciones Aprendidas

La experiencia en Amami Ōshima sirve como una cruda lección sobre las posibles consecuencias negativas de la introducción de especies exóticas para el control de plagas. El caso destaca la necesidad de una investigación exhaustiva antes de implementar cualquier plan de este tipo y la importancia de considerar todas las variables ecológicas implicadas. La recuperación de Amami Ōshima tras medio siglo de lucha demuestra la resiliencia de la naturaleza, pero también el largo y complejo proceso de reparación de los daños causados por la intervención humana mal planificada.

Fuente: Xataka