Durante años, el conflicto del Sáhara Occidental permaneció en un segundo plano del debate internacional. Sin embargo, ha regresado con fuerza, impulsado no solo por factores diplomáticos, sino también económicos. El renovado apoyo del presidente estadounidense Donald Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental tiene un nombre: fosfato.

Más que una simple declaración

El respaldo de Estados Unidos no es reciente. Durante su primer mandato, Trump ya reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esta decisión estuvo ligada al establecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel, como parte de los Acuerdos de Abraham. Recientemente, el presidente ha reiterado su postura, reafirmando el reconocimiento de Washington sobre el territorio.

El fosfato: un tesoro bajo la arena

Marruecos es el segundo productor mundial de fosfato, después de China, controlando el 70% de las reservas mundiales. Aproximadamente el 8% de la producción nacional proviene del Sáhara Occidental, específicamente de la mina de Phosboucraa. Este mineral es esencial para la producción de fertilizantes, vitales para la agricultura moderna, y su escasez lo convierte en un recurso estratégico. La seguridad alimentaria mundial depende en gran medida del fósforo, y tras la guerra en Ucrania y las crisis en las cadenas de suministro, su valor se ha incrementado, aumentando la influencia internacional de Marruecos.

Un comercio bajo escrutinio

El Sáhara Occidental es considerado por la ONU un territorio no autónomo. Según el derecho internacional, la explotación de sus recursos requiere el consentimiento del pueblo saharaui, representado por el Frente Polisario. Este consentimiento no se ha obtenido. El Polisario ha respondido con acciones legales, bloqueando barcos con fosfato saharaui en varios puertos y logrando que varias empresas internacionales dejen de comprarlo.

Un auge económico que redibuja el mapa

Marruecos ha lanzado una estrategia de inversiones de más de 10.000 millones de dólares en el Sáhara Occidental, incluyendo proyectos como el Puerto Atlántico de Dakhla y una autopista hacia Tánger. Se planea aumentar la contribución de la región al PIB nacional del 1% al 6% en los próximos 15 años. Se proyectan inversiones en energías renovables y turismo.

La situación de los saharauis

Mientras Marruecos impulsa el desarrollo económico del Sáhara Occidental, la población saharaui espera una solución política. Miles de saharauis viven en campamentos de refugiados en Argelia en condiciones precarias. Organizaciones internacionales denuncian la falta de participación saharaui en las decisiones que afectan a su territorio. La legalidad internacional cuestiona la legitimidad de la explotación de los recursos sin su consentimiento.

El fosfato, un recurso esencial para la alimentación mundial, se encuentra en el centro de un conflicto que continúa sin resolverse, dejando a los saharauis esperando ser escuchados.

Fuente: Xataka