El sorprendente origen del popular medicamento para adelgazar Ozempic se remonta a un lugar inesperado: el desierto. El Heloderma suspectum, o monstruo de Gila, un lagarto venenoso que habita en las zonas áridas del suroeste de Estados Unidos y México, fue la clave para el desarrollo de este fármaco.
Un veneno con potencial medicinal
En la década de 1980, el gastroenterólogo Jean-Pierre Raufman, investigando sustancias naturales con propiedades terapéuticas, se fijó en este peculiar reptil. El monstruo de Gila posee una asombrosa capacidad para sobrevivir con muy pocas comidas al año, gracias a la grasa acumulada en su cola. Su veneno llamó la atención por contener dos moléculas, exendin-3 y exendin-4, con un comportamiento similar a la hormona GLP-1, crucial para la regulación de la insulina.
De la exendina-4 a Ozempic
La exendina-4, al igual que la GLP-1 humana, influye en la producción de insulina, reduce el apetito y provoca la pérdida de peso. Sin embargo, la exendina-4 presentaba una ventaja decisiva: permanecía más tiempo en el organismo, prolongando sus efectos sobre el metabolismo. Este descubrimiento abrió el camino para el desarrollo de medicamentos como Byetta, y más tarde, para los populares Ozempic, Wegovy y Mounjaro, que además de regular el azúcar en sangre, contribuyen a la pérdida de peso.
El futuro del monstruo de Gila y la investigación farmacológica
Irónicamente, mientras el veneno del monstruo de Gila revoluciona la industria farmacéutica, la especie enfrenta un grave problema: la disminución de su hábitat debido al cambio climático. Se estima que para 2070, el monstruo de Gila podría haber desaparecido de gran parte de su área de distribución. Este caso resalta la compleja relación entre la innovación científica y la conservación de la biodiversidad. El veneno del monstruo de Gila, así como el de otras especies animales, se ha convertido en una fuente esencial de inspiración para el desarrollo de fármacos innovadores, demostrando el potencial terapéutico presente en la naturaleza.
El veneno: una fuente inagotable de inspiración
El uso de venenos animales en medicina es una práctica que data de tiempo atrás. De manera similar a la historia del monstruo de Gila, el captopril, un medicamento para tratar la hipertensión, se basa en el veneno de la serpiente brasileña Bothrops jararaca. En la actualidad, la investigación se centra en catalogar una gran variedad de toxinas animales para descubrir nuevos tratamientos farmacológicos.
La historia del monstruo de Gila nos recuerda que los mayores descubrimientos científicos pueden surgir de los lugares más inesperados, instándonos a la vez a la reflexión sobre la responsabilidad que tenemos en la conservación del medio ambiente y la biodiversidad.
Fuente: Xataka